De Pancho a Pablo
Del carro a la azotea
El brumoso bosque de Sherwood se transforma en una llanura semidesértica por la cual Villa huye después de haber asesinado al hacendado que violó a su hermana, de ahí dejará de ser Doroteo Arango para volverse Pancho Villa, quien toda la vida habrá de vivir a salto de mata; escondido se encuentra Pablo Escobar, atrás quedaron los años de robar tumbas: ahora es ‘el patrón’, se esconde en la exuberancia de una muralla de rinocerontes. Robin, Pablo y Pancho encarnan una voluntad de reivindicación pero de manera rudimentaria, no tienen las herramientas para construir un discurso propio, juegan con la narrativa del poder y la violentan.
Escobar se disfraza de Villa, Villa rechaza la silla presidencial, Escobar se imagina recorriendo los pasillos de la Casa de Nariño; Pancho en su tiempo de gobernador de Chihuahua abre más escuelas que cualquier otro, regala la carne al pueblo, pone el alto por un mes a los eternos terratenientes; Pablo recibe en su querida Medellín, da audiencias, paga hospitales, beca a los niños, construye cientos de casas que reconocen a las personas su dignidad.
Villa realiza juicios sumarios, apunta con el dedo, pronuncia frases lapidarias (“mátelo y luego averigüe”). A Escobar se le acusa por haber fraguado más de cuatro mil homicidios, en uno de sus atentados mueren sus músicos en la Plaza de la Virgen de la Macarena.
Pancho invade Columbus, sus tropas pisan territorio norteamericano, están dispuestos a vengarse de una venta truculenta de parque; Pablo dice vengar las humillaciones y oprobios gringos vendiendo mierda, las calles norteamericanas ven caer miles de jóvenes en la droga.
Villa juega feliz frontón en su hacienda de Canutillo; Escobar juega con seleccionados de futbol en el campo que se mandó construir en la cárcel. Pablo y Pancho escapan con facilidad de cuanto penal se pone frente a ellos. Villa es buscado por medio de una invasión yankee, el general Pershing encabeza una expedición que violenta la soberanía nacional. Pablo intuye que desde lo alto un avión de la DEA sobrevuela territorio paisa, los gringos quieren identificar su voz y cazarlo. A Robin Hood lo oculta el pueblo, a Villa y a Escobar también. A los tres los asedian los enemigos que se han ganado a pulso.
Todo mundo quiere ser compadre de Pancho, todo mundo teme a Pablo. Villa goza en repetir una y otra vez las tomas para Hollywood, cobra 25 mil dólares y los tiene que desquitar; Pablo llama “Vanidades” a la nota roja, entra a la lista de Forbes, en el fondo sueña con ser aceptado con naturalidad en la aristocracia colombiana.
Villa sale de un bautizo y entra a Parral, Calles tiene que ir limpiando el camino; Escobar se esconde una y otra vez, los norteamericanos quieren su cabeza, ha dejado demasiado dolor entre los suyos.
Pancho seguramente da órdenes al chofer: se oye una infinidad de balazos; Pablo corre como gato y se trepa a la azotea, quiere morir echando plomo. Ambos caen fulminados. Todos estos hechos son susceptibles de ser negados o confirmados categóricamente. Estamos en el tiempo del mito, aquí la historia no sirve para nada.
La muerte violenta ha llegado como conclusión lógica de su vida, su muerte también es preludio de más sangre. Deletrea: Pablo, Pancho, Pedro Páramo, Aureliano Buendía, no te asustes de repetir sus nombres.
Fragmento del libro "Solo las cruces quedaron. Literatura y narcotráfico" FICTICIA.


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